26 de septiembre.

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Derrota. Llegamos al alba a Picacho donde todo el mundo estaba de fiesta y es el punto más alto que alcanzamos, 2,280 ms.; los campesinos nos trataron muy bien y seguimos sin demasiados temores, a pesar de que Ovando (1) había asegurado mi captura de un momento a otro. Al llegar a la Higuera, todo cambió; habían desaparecido los hombres y sólo alguna que otra mujer había. Coco fue a casa del telegrafista, pues hay teléfono y trajo una comunicación del día 22 en el que el Subprefecto de Valle Grande comunica al corregidor que se tienen noticias de la presencia guerrillera en la zona y cualquier noticia debe comunicarse a V.G. donde pagarán los gastos; el hombre había huido, pero la mujer aseguró que hoy no se había hablado porque en el próximo pueblo, Jagüey, están de fiesta.

A las 13 salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí tomar una decisión sobre las mulas y el Médico; poco después estaba hablando con el único hombre del pueblo, muy asustado, cuando llegó un comerciante de coca, que decía venir de V.G. y Pucará y no había visto nada. También estaba muy nervioso pero lo atribuía a nuestra presencia, y dejé ir a los dos, a pesar de las mentiras que nos dijeron. Cuando salí hacia la cima de la loma, 13.30 aproximadamente, los disparos desde todo el firme anunciaron que los nuestros habían caído en una emboscada. Organicé la defensa en el pobladito, para esperar a los sobrevivientes y di como salida un camino que sale al Río Grande. A los pocos momentos llegaba Benigno herido y luego Aniceto y Pablito, con un pie en malas condiciones; Miguel, Coco y Julio habían caído y Camba desapareció dejando su mochila. Rápidamente la retaguardia avanzó por el camino y yo la seguí, llevando aún las dos mulas; los de atrás recibieron el fuego muy cerca y se retrasaron e Inti perdió contacto. Luego de esperarlo media hora en una emboscadita y de haber recibido más fuego desde la loma, decidimos dejarlo, pero al poco rato nos alcanzó. En ese momento vimos que León había desaparecido e Inti comunicó que había visto su mochila por el cañado por donde tuvo que salir; nosotros vimos un hombre que caminaba aceleradamente por un cañón y sacamos la conclusión de que era él. Para tratar de despistar, soltamos las mulas cañón abajo y nosotros seguimos por un cañoncito que luego tenía agua amarga, durmiendo a las 12, pues era imposible avanzar.

(1) Alfredo Ovando Candia. En 1967 era comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Bolivianas y participó activamente en la conducción de la campaña antiguerrillera. Fue presidente de la República en tres oportunidades; en una de éstas, luego de derrocar a Luis Adolfo Siles Salinas, en septiembre de 1969, hasta octubre de 1970.

 
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