8 de agosto.

<< Agosto >> << 1967
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Caminamos algo así como una hora efectiva, que para mí fueron dos por el cansancio de la yegüita; en una de ésas, le metí un cuchillazo en el cuello abriéndole una buena herida. El nuevo campamento debe ser el último con agua hasta la llegada al Rosita o al Río Grande; los macheteros están a 40 minutos de aquí (2-3 kms.). Designé un grupo de 8 hombres para cumplir la siguiente misión: Salen mañana de aquí, caminando todo el día; al día siguiente, Camba retorna con las noticias de lo que hay; al otro día, retornan Pablito y Darío con las noticias de ese día; los 5 restantes siguen hasta la casa de Vargas y allí retornan Coco y Aniceto con la noticia de cómo está la cosa; Benigno, Julio y el Ñato siguen el Ñacahuazú para buscar medicinas mías. Deben ir con mucho cuidado para evitar emboscadas; nosotros los seguiremos y los puntos de reunión son: la casa de Vargas o más arriba, según nuestra velocidad, el arroyo que está frente a la cueva en el Río Grande, el Masicuru (Honorato) o el Ñacahuazú. Hay una noticia del ejército en el sentido de haber descubierto un depósito de armas en uno de nuestros campamentos.

Por la noche reuní a todo el mundo haciéndole la siguiente descarga: Estamos en una situación difícil; el Pacho se recupera pero yo soy una piltrafa humana y el episodio de la yegüita prueba que en algunos momentos he llegado a perder el control; eso se modificará pero la situación debe pesar exactamente sobre todos y quien no se sienta capaz de sobrellevarla debe decirlo. Es uno de los momentos en que hay que tomar decisiones grandes; este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres; los que no pueden alcanzar ninguno de estos dos estadíos deben decirlo y dejar la lucha. Todos los cubanos y algunos bolivianos plantearon seguir hasta el final; Eustaquio hizo lo mismo pero planteó una crítica a Muganga por llevar su mochila en el mulo y no cargar leña, lo que provocó una respuesta airada de éste, Julio fustigó a Moro y a Pacho por parecidas circunstancias y una nueva respuesta airada, esta vez de Pacho. Cerré la discusión diciendo que aquí se debatían dos cosas de muy distinta jerarquía: una era si se estaba o no dispuesto a seguir; la otra era de pequeñas rencillas o problemas internos de la guerrilla lo que le quitaba grandeza a la decisión mayor. No me gustaba el planteamiento de Eustaquio y Julio pero tampoco la respuesta de Moro y Pacho, en definitiva, tenemos que ser más revolucionarios y ser ejemplo.

 
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